viernes, 31 de enero de 2014

El dinero negro, la economía sumergida, la crisis económica, la corrupción y la mujer del césar

Hoy nos asalta la noticia de que, según el informe de los técnicos de Hacienda, prácticamente uno de cada tres euros que circulan en la provincia de Albacete lo hacen en la economía sumergida, o sea, que es dinero negro, invisible al fisco, una especie de dinero zombi que existe realmente pero como si no existiese, que no paga impuestos ni cotiza para las pensiones, pero que compra bienes y servicios reales, que a veces son también negros y a veces blanquean ese dinero.

Se mire como se mire, es un dato desalentador, por varias razones:
  • Porque supera en  casi diez puntos la tasa de economía sumergida del conjunto de España, que ya es una de las mayores de Europa.
  • Porque supera en dos puntos la tasa de Castilla La Mancha, que a su vez es una de las más altas de España.
  • Porque no ha dejado de crecer desde el año 2000 (se ha incrementado en más del 50%)
  • Porque a la provincia de Albacete sólo la superan las de Ávila y Zamora.
  • Porque nuestra provincia no ha dejado de escalar posiciones desde el año 2000 (entonces éramos la séptima).

   Y nuestros responsables políticos, con Cospedal al frente, intentando convencernos de que “se han sentado las bases de la recuperación económica”. No, Sra. Cospedal: la recuperación económica será imposible mientras uno de cada tres euros que se mueven en la economía escapen al control de la Seguridad Social y de la Agencia Tributaria; mientras una legión de trabajos, de compras y ventas, de servicios se realicen en negro, planteando una competencia desleal a las empresas que pagan sus impuestos, que contratan  legalmente a sus trabajadores y que incrementan con el IVA sus facturas. A donde vamos, por este camino, es a una economía de república bananera en la que los empresarios decentes  y cumplidores serán ahogados por los piratas, viéndose obligados a despedir a muchos de sus trabajadores, los cuales pasarán, a su vez, a engrosar la economía sumergida. Un círculo vicioso que nos lleva al precipicio. Se están sentando las bases, sí, pero de la decadencia.
     ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué el dinero negro se adueña de una porción cada vez mayor de la economía? Casi todo el mundo le echa la culpa a “la Crisis”. Y es posible que la crisis tenga parte de la culpa de este repunte de la economía sumergida en España, en Castilla La Mancha y en Albacete. Pero otros países también han sufrido y sufren la crisis y este fenómeno no es tan marcado. Debe haber algo más, algo que nos diferencia y que provoca este desmesurado aumento de la economía negra en nuestro país.
     Y se me ocurre que cuando un ciudadano ve cómo muchos responsables políticos, desde el concejal de su pueblo hasta el presidente de su comunidad autónoma, son imputados por corrupción y ni se les pasa por la imaginación presentar su dimisión; cuando ve cómo el partido que gobierna en su región ha recibido doscientos mil euros de procedencia ilegal para financiar ilegalmente una campaña electoral, y nadie responde por ello; cuando ve cómo el partido que gobierna el país hace obras en su sede nacional y las paga “en B”, cuando la prensa le dice que el marido de la presidenta de la región cobra de un banco fruto de la privatización de varias cajas de ahorro, entre ellas la de la región, y al parecer sin contrato… Cuando el ciudadano, consumidor, trabajador o empresario de a pie, ve todo esto, ¿alguien se extraña de que no se lo piense dos veces antes de actuar con irregularidad, si eso puede beneficiarle?
   Cuando oigo a un responsable político defenderse o defender a un compañero de partido imputado por corrupción alegando la “presunción de inocencia”, veo cómo se pone un ladrillo más en este edificio de la economía sumergida. Porque la presunción de inocencia está muy bien, y hay que dejar trabajar y hablar a la Justicia. Pero lo que los ciudadanos necesitamos de nuestros políticos es la “presunción de decencia”, y ésta se rompe en el momento en que sus actividades tienen la más mínima sombra de duda. La mujer del césar, además de ser honesta, tiene que parecerlo. Porque cuando los responsables políticos, los que lideran la sociedad, aquellos a los que miramos para que nos enseñen el camino, dejan de parecer honestos, siembran en la sociedad un cizaña que se extiende como una mancha indeleble y acaba por contaminarla toda. Y ya no tiene remedio.
Hernando Martínez Herrero
Responsable de Comunicación de UPyD Albacete

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